Durante estos días he escuchado de todo. Que para qué llevar una imagen desde Huacho hasta Lima, cuánto habrá costado, toda la logística, los permisos, movilizar gente, organizar una procesión… y bueno, si uno quiere encontrarle problemas o críticas a una procesión, probablemente los encuentra hasta donde no los hay.
Y tampoco creo que todas esas críticas sean absurdas. Si uno lo mira solamente desde el lado práctico, es válido preguntarse si era necesario hacer todo esto.
Pero creo que cuando uno empieza a conocer la historia que hay detrás, la cosa cambia.
La devoción al Señor de los Milagros en Huacho es mucho más antigua que el lienzo que actualmente conocemos. Antes de este lienzo ya existía una imagen que era venerada en la antigua Iglesia Matriz de Huacho y que estuvo presente en uno de los momentos más duros que vivió nuestra ciudad: el terremoto del 17 de octubre de 1966.
La antigua Iglesia Matriz quedó gravemente afectada y varias de las imágenes que estaban dentro fueron llevadas hasta el frontis de la iglesia para acompañar a la población. Entre ellas estaba el Señor de los Milagros, junto a San Bartolomé y otras imágenes.
Hay una fotografía muy conocida de ese momento. La iglesia destruida, las imágenes afuera y alrededor una ciudad golpeada por el terremoto. Y creo que esa foto dice bastante. La gente acababa de pasar por una tragedia. Había miedo, dolor, incertidumbre. Y en medio de todo eso estaban sus imágenes. No podían solucionar lo que había pasado, obviamente, pero estaban ahí. Acompañando. Y para quienes tenían fe, seguramente eso también significó encontrar un poco de esperanza en medio de todo lo que estaban viviendo.
Ese primer lienzo, por circunstancias de deterioro debido a la exposición que tuvo, terminó siendo incinerado. Después se confeccionó otro y es con ese lienzo que, el 2 de octubre de 1972, se funda la Hermandad del Señor de los Milagros de Huacho.
Tiempo después, esa imagen fue trasladada a lo que hoy conocemos como la Urbanización 18 de Octubre, que en aquel entonces era un asentamiento humano recientemente formado y que hasta hoy mantiene su propia hermandad.
Y después de todo ese recorrido aparece el lienzo que conocemos actualmente.
En 1976, según la información histórica que he podido encontrar, el artista aficionado Abelardo Ortiz Dueñas entrega a la Hermandad la imagen que hasta hoy recorre las calles de Huacho.
Y aquí aparece otra de esas discusiones que siempre salen cuando uno habla de historia: “¿Cómo que 50 años? Eso es mentira”.
Y entiendo de dónde puede venir la confusión.
Pero justamente por eso, cuando uno escucha algo así, creo que toca hacer algo muy sencillo: buscar. Preguntar, leer lo que hay disponible y tratar de entender cómo fueron pasando las cosas.
Porque si no, terminamos haciendo historia a punta de “mi vecina me contó”. Y tampoco pues. Cuando uno empieza a reconstruir la historia, se entiende mejor.
No estamos diciendo que la devoción tenga 50 años. La devoción es mucho más antigua. Tampoco estamos diciendo que la Hermandad tenga 50 años, porque fue fundada en 1972.
Los 50 años corresponden a este lienzo. A este lienzo en particular, el que desde 1976 viene recorriendo nuestra ciudad. Y 50 años no son poca cosa.
Este lienzo ha visto crecer a Huacho. Ha acompañado a varias generaciones y ha estado presente en la vida de personas que probablemente hoy ya no están, pero que alguna vez caminaron detrás de él.
Muchos de los que hoy lo acompañan seguramente lo hicieron de niños junto a sus padres y ahora lo hacen con sus propios hijos.
Y entonces llegamos a las Nazarenas.
Ahí es donde, para mí, todo esto toma otro significado.
Porque el Monasterio de las Nazarenas no es simplemente otro templo. Ahí está el muro original del Señor de los Milagros, ese lugar que para cualquier devoto tiene un significado especial y al que muchos, tarde o temprano, quieren llegar aunque sea una vez.
Pero esta vez pasó algo distinto.
No era un devoto de Huacho llegando a las Nazarenas para encontrarse con el Señor. Era el Señor de los Milagros de Huacho llegando hasta el corazón de la devoción. Y ahí creo que estuvo lo bonito de todo esto. Porque ese lienzo no llegó solo.
Llegó con toda la historia que tiene detrás. Con aquella primera imagen que acompañó a los huachanos antes y después del terremoto. Con el lienzo que estuvo presente en los primeros años de la Hermandad. Con la historia de la Urb. 18 de Octubre. Con Abelardo Ortiz Dueñas. Y con estos 50 años recorriendo nuestras calles.
Y también llegamos nosotros. Los que hoy seguimos viviendo esta devoción.
Por eso, cuando vi al Señor de los Milagros de Huacho frente al muro de las Nazarenas, no pensé solamente: “qué bonito que haya llegado hasta acá”. Sentí que, de alguna manera, también estaba llegando un pedacito de Huacho.
Nuestra tierra. Nuestra historia. Nuestra forma de vivir esta devoción.
Y también estaban, aunque no físicamente, todas esas personas que estuvieron antes.
Los que nos enseñaron a querer al Señor. Los que caminaron detrás de esa misma imagen cuando nosotros todavía ni habíamos nacido. Los que hicieron posible que esta devoción llegara hasta nosotros. Recordé a mi abuela, que en paz descanse, que de la mano me llevaba a la procesión desde muy niño.
Y creo que eso es lo que más me queda de todo esto.
Nosotros recibimos una devoción que ya estaba antes de nosotros. La vivimos, la acompañamos y algún día nos tocará dejarla en manos de otros.
Quizá dentro de muchos años alguien vuelva a mirar ese mismo lienzo y piense en nosotros de la misma manera en que hoy nosotros pensamos en quienes estuvieron antes.
Por eso, cuando recuerdo ese momento, ya no pienso tanto en el viaje, en la logística, en las horas caminando o en todo lo que costó llegar.
Pienso en algo mucho más sencillo.
Que un día, el Señor de los Milagros de Huacho salió de nuestra ciudad y llegó hasta las Nazarenas.
Y por unas horas, frente al muro del Señor de los Milagros, estuvo también un pedacito de nosotros.
De Huacho.
De nuestra historia.
Y de nuestra fe.
Hemos vivido historia el pasado domingo 20 de setiembre, y qué dicha que mis ojos hayan sido testigos.
