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El Señor de los Milagros de Huacho recorre Lima

Hay muchas cosas qué decir de este día, así que empezaremos contando el cómo lo vivimos. Sin duda un día para la historia.

Martin NuñezMartin Nuñez
•21 de setiembre de 2026•⏱ 7 min lectura
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El Señor de los Milagros de Huacho recorre Lima

Todo comenzó desde el viernes, porque nuestro corresponsal in situ, José Juan Gabriel Timana González, alias El Dudu, ya estaba en Lima con toda la comitiva del Señor de los Milagros. Como él también pertenece a la Hermandad del Señor de los Milagros, llegó con el grupo y, como todavía no abrían el santuario, Juan decidió dormir al costado de la iglesia, en el grass.

Pero eso no le impidió mantenernos informados. Desde ahí nos iba contando prácticamente todo lo que pasaba: que ya estaban haciendo esto, que ya habían llegado, que estaban armando el anda, que faltaba tal cosa… todo mientras se le acababa la batería, se le apagaba el celular y volvía a aparecer cuando podía. El hombre estaba haciendo cobertura periodística con aproximadamente 7% de batería y cero condiciones logísticas.

Uno pensaría que después de todo el día Juan iba a dormir, ¿no? Pero no. Decidió ponerse a hacer detentes, porque hay prioridades, y aparentemente su prioridad es trabajar. En algún momento me dijo: “Voy a simplemente ver un par de TikToks y continúo”. Spoiler: se quedó dormido. Y para variar, tenía que estar muy temprano por algo en particular y terminó llegando corriendo. Pero así es el Dudu, jajaja.

Y hablando del Dudu, tenemos que hablar de la Dudu-maleta. Esa maleta es de otro mundo. Por momentos parece una maleta normal, pero por momentos también parece que es un vendedor de libros de inglés de esos que tocan la puerta y te dicen: “How are you?”. Y con el terno que llevaba, tranquilamente podía parecer pastor de alguna iglesia o que había venido a vendernos algún libro de La Atalaya. Pero la abres y encuentras de todo: tijeras, agujas, hilo dorado para bordar, barras de silicona, pistola de silicona, cinta de agua, qué sé yo. Yo creo que si un día le pides un pan con pollo, te va a decir “espera” y te lo va a sacar. Porque es muy probable que también guarde comida ahí.

Yo llegué el sábado por la tarde desde Huacho, después de un viaje de cuatro horas y media. Y llegué prácticamente con la hora porque quería alcanzar a Los Auténticos del Callao, que para mí es la mejor banda para marchas procesionales del país. Llegué, escuché el último tema y bueno… algo es algo. Después de cuatro horas y media de viaje tampoco podía exigir un concierto privado.

Mientras tanto, Juan ya había invadido mi departamento desde el viernes. Después llegó Jhon, nuestro querido director de A Tus Pies Humilde, y salimos a comer unas ricas alitas acevichadas a media cuadra de mi casa. Y como ya habíamos mencionado, el Dudu se quedó trabajando, mientras nosotros probábamos la más deliciosa limonada frozen que han tomado en toda su esplendorosa vida, porque la preparé yo y se la tuvieron que tomar. Lamentablemente estaba un poquito ácida, pero ellos, como buenos amigos, no se quejaron. O por lo menos tuvieron la delicadeza de no hacerlo en mi presencia (mentira, rajaron hasta el día siguiente)

Y llegó el gran día. Para nosotros, ver al Señor de los Milagros de Huacho recorriendo el Centro Histórico de Lima fue algo bien especial. Es una imagen con la que muchos hemos crecido y verla procesionar por Lima, pasando por lugares tan importantes, fue de esas cosas que uno realmente disfruta vivir. Sobre todo cuando llegamos al Monasterio de las Nazarenas Carmelitas Descalzas, donde se conserva el muro original del Señor de los Milagros. Ahí ya uno deja un rato la chacota y simplemente contempla. Porque sí, estamos haciendo bromas todo el día, pero también sabemos cuándo toca quedarse callados y disfrutar el momento.

Desde temprano estuvimos el jefecito, Alexandra, Said y yo. Después llegó Silvana y comenzamos nuestra jornada entre desayuno, conversaciones y la típica chacota. Aunque el desayuno, para ser sinceros, tampoco fue precisamente una experiencia memorable. Y ahí comenzó otra historia.

Después del desayuno, Jhon nos advirtió que si comíamos chaufa, no contáramos con él. Él quería comer en un restaurante decente. Y considerando que tampoco nos habían atendido del todo bien en el desayuno del mercado, dijo, bueno, ya que vamos a comer, por lo menos comamos bien.

Perfecto.

El pequeño detalle es que no nos dio tiempo para almorzar.

Entre la procesión y todo lo que teníamos que hacer, se nos fue el día. Así que pasamos directamente del desayuno a la cena. Y acá viene lo más bonito de toda esta historia: cuando finalmente llegó la hora de comer, Jhon ya ni siquiera estaba en Lima. Ya se había regresado a Huacho.

¿Y qué terminamos comiendo nosotros?

Chaufa. Jajaja.

En medio de toda esta aventura también me tocó ir a cargar a mi querido San Juan Macías, que tenía jornada ese mismo día. Hice mi turno con mi Primera Cuadrilla y después regresé para seguir acompañando al Señor de los Milagros.

Y ahí apareció Juan con su Tercera Cuadrilla de Trinitarias. Como él pertenece a esa cuadrilla, obviamente no podía permitir que nosotros nos fuéramos tranquilos. Así que terminó jalándonos a Said y a mí para cargar.

Y ahí sí comenzó la masacre.

Porque una cosa es ver el paso Trinitarias y decir “qué bonito”, y otra muy distinta es estar abajo. El anda va de un lado para otro al ritmo del bombo, y tú ahí, intentando seguir el movimiento mientras tienes encima todo el peso del Señor. Muy bonito desde afuera. Desde las varas ya es otra conversación.

La Tercera Cuadrilla prácticamente hizo toda su jornada en paso y nosotros terminamos bastante destruidos. Juan, Said y yo ya estábamos en esa etapa en la que uno no sabe si está caminando porque quiere o porque el cuerpo simplemente todavía responde. Pero, a pesar de todo, fue genial. De esas cosas que mientras las haces dices “¿por qué acepté?” y cuando terminan dices “qué buena experiencia”.

Y como aparentemente todavía nos quedaba algo de batería, fuimos también a acompañar al Señor del Santuario de Santa Catalina. Gracias a la invitación de mi amigo Elías pude cargar ahí también. Para ese momento ya caminábamos por pura inercia. Uno miraba al otro y era suficiente. Ni siquiera hacía falta preguntar cómo estaba. La cara ya respondía por uno.

Después de todo eso, finalmente llegó el momento que todos estábamos esperando: comer. Bueno, cenar, porque almuerzo nunca hubo.

Y bueno, uno pensaría que después de comer finalmente nos íbamos a descansar. ¿No?

Pues no.

Regresamos nuevamente a la procesión del Señor de los Milagros y seguimos acompañando y cargando junto con Juan y Said hasta el final. Y cuando digo hasta el final, es hasta el final de verdad, porque terminamos incluso ayudando a guardar las andas.

Ahí sí ya no había más. El cuerpo había dado todo lo que tenía que dar.

Pero, fuera de toda la chacota, fue un gran día. Ver al Señor de los Milagros de Huacho recorriendo el Centro Histórico de Lima, acompañarlo, cargarlo y compartir todo eso con amigos fue una experiencia que definitivamente queda como recuerdo.

Y claro, después de semejante jornada, uno pensaría que para la próxima vamos a organizarnos mejor, comer a nuestras horas y descansar cuando corresponda.

Pero ya nos conocemos. Eso no pasará.

El Señor de los Milagros regresa a Huacho y nosotros con el corazón contento nos vamos a casa con la convicción de haber vivido un día histórico.

Deo Gratias.